Abril de 2007
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EDITORIAL: Más autoridad para el docente
ARTICULO: Por el sendero de la Enseñanza


E D I T O R I A L 

Más autoridad para el docente

Ya está en vigor el decreto sobre los Derechos y Deberes de los Alumnos y las nuevas normas de convivencia que permite al profesor expulsar del aula al alumno que molesta impidiendo el normal desarrollo de la clase. La nueva normativa recoge más novedosas medidas que contribuirán a mejorar la convivencia en los centros educativos extremeños; sin embargo, parece que este refuerzo de la autoridad del profesorado es lo que más interés ha despertado entre alumnos, profesores y familias.
  Hace unos días, tras pronunciar una conferencia ante alumnos de Bachillerato del IES ‘Castelar’ de Badajoz, la consejera de Educación, Eva María Pérez, les animó a reflexionar juntos y a que le preguntasen lo que quisieran. Un alumno preguntó enseguida, como si no acabara de creerlo: «¿qué hay de cierto en eso que dice la prensa sobre que el profesor puede expulsar al alumno?». «Todo», dijo la consejera, que les explicó las principales características del decreto dejando claro que al alumno o alumna expulsado/a no se le puede enviar a casa sin más, sino que el centro educativo tiene que proporcionarle una atención educativa adecuada.
  Y es que, el alumno no puede ver un premio en la expulsión. Si al adolescente que se porta mal en clase porque no quiere estudiar se le echa fuera y se le permite que haga lo que quiera, por ejemplo jugar a la Play o navegar libremente por internet, no podemos pretender que cuando vuelva a clase mejore su comportamiento. Por el contrario, volverá a crear conflictos para que vuelvan a echarlo y así tener más tiempo libre para hacer lo que quiera, pero un joven de entre 12 y 15 años no puede hacer lo que quiere, su obligación es estudiar y aprovechar el puesto escolar que la sociedad le facilita gratuitamente. Ésta es una de las principales obligaciones que recoge el citado Decreto de Derechos y Deberes de los Alumnos y las Normas de Convivencia en los centros educativos.
  Por ello, tanto la expulsión de una clase determinada o del centro educativo, como otras correcciones que hayan de aplicarse, deberán tener carácter educativo. El centro tendrá que proporcionar al alumno la debida atención educativa para evitar la interrupción de su proceso formativo.
  Pero, una vez más, para que estas medidas tengan el éxito pretendido, es imprescindible la implicación de la familia. Padres, madres y profesores deben ser cómplices en la aplicación de las correcciones impuestas al alumno para que éste comprenda y acate las normas de convivencia del centro, para que conozca sus derechos, pero para que también cumpla con sus obligaciones.


ARTÍCULO 

Por el sendero de la Enseñanza

Joaquina Maeso Ciprián
Directora del CP 'San Fernando' de Badajoz

Podría contarles cómo pasó. Relatarles cada día, cada año, cada cambio, cada empujón dado a la Historia. Necesitaría tanto… como el propio tiempo transcurrido; por lo que debo contentarme con mirar desde la atalaya del hoy a la orilla del ayer; allá enfrente, a veinticinco años de distancia.
  Han transcurrido 25 años desde que el CP ‘San Fernando’ inició su andadura. Algunos estamos aquí. Otros muchos estuvieron y otros tantos estarán. Nuestro Centro ha ido cambiando como cambia la vida; pero siempre permanecerá con sus paredes cada vez más impregnadas de las almas y sentimientos de cada uno de los que por él pasamos.
  Entre esos muros, testigos de enseñanzas, expectativas y buenas intenciones, han anidado múltiples voluntades y esfuerzos de toda la comunidad y administración educativas. Han pasado muchas compañeras y compañeros que han ido dejando su vida profesional diluida en la enorme olla de la educación donde se viene cociendo el futuro de cada vida en una argamasa de ingredientes variados: valores, destrezas, ilusiones, conocimientos. Primeros platos aderezados de múltiples condimentos: aulas, recreos, tiza, reuniones, boletines, documentos…
  Día a día, todos vamos bebiendo sorbitos de la pócima de esa olla, esperando el momento del postre, la culminación del esfuerzo, que no es otra que ver a nuestros alumnos formando parte de la sociedad en condiciones óptimas de éxito. En ese momento, todos los que hemos confeccionado el menú durante tantos años, nos sentimos orgullosos y satisfechos.
  Al igual que nosotros, otros muchos Centros educativos, compañeras y compañeros, han servido con honestidad a esta noble labor, siendo protagonistas del proceso evolutivo, de la transformación del concepto de Educación.
  Nuestro trabajo no es fácil, todos lo sabemos. Pero los tiempos actuales no son ni más ni menos difíciles que los del pasado. Nuestros alumnos no nacen con una escala de valores adherida a su piel ni saben de fórmulas de convivencia. Vienen desnudos y sus primeros escenarios de convivencia son la familia y la escuela. Pero ellos no conocen ni el reparto ni su papel. Y nosotros somos los responsables de sus primeros ensayos hasta que, dominado el personaje, puedan saltar al teatro de la vida en condiciones de éxito.
  Han sido muchos los cambios que la educación ha experimentado a lo largo de las tres últimas décadas. Cambios en los objetivos, en los contenidos, en la metodología, en los recursos materiales, en los recursos humanos, en los recursos funcionales…
  La actual concepción pluridimensional del hecho educativo nos pone de frente a nuevos y apasionantes retos: la atención a la diversidad, el plurilingüismo, las nuevas tecnologías, el multiculturalismo, la enseñanza comprensiva y, todo ello aliñado con el aporte y la presencia de todos los miembros de la comunidad educativa. Porque la responsabilidad de educar no es privativa de los docentes, sino necesariamente un compromiso compartido con la familia y la sociedad.
  Ayer, la educación era la misma para todos, con los mismos métodos y las mismas propuestas, independientemente de las características personales. Los alumnos se agrupaban por edades, se fijaban ritmos regulares de enseñanza, se cuidaba de que todos recibieran los mismos contenidos, la misma explicación, la misma actividad. Aquel diseño, en su uniformidad, quedaba, paradójicamente, lejos de la justicia educativa. Ahora, sin embargo, la Pedagogía es diferenciada, adaptada a las individualidades, a la heterogeneidad de cada uno de nuestros alumnos. Somos conscientes de que no todos aprendemos de la misma manera ni al mismo ritmo. Por ello, para favorecer el desarrollo integral de todos los alumnos, independientemente de sus diferencias, se han creado, mediante un despliegue de especialistas (A.L., P.T., E.C., etc) las condiciones necesarias y fórmulas de compensación de desigualdades, que han hecho posible una enseñanza personalizada adaptada a las peculiaridades de cada uno. Así mismo la organización de las actividades formativas complementarias, en horario de tarde, han venido a cubrir, gratuitamente, facetas de la formación de los alumnos a las que, antaño, solamente se podía acceder pagándolas en academias o centros particulares.
  Todo ello nos permite afirmar que, hoy, la educación por no ser la misma para todos, sí es más igualitaria.  Vivimos hoy en una sociedad plurilingüe y multicultural, en la que se han impuesto las nuevas tecnologías como demanda social de la educación y en donde los profesionales de la enseñanza nos preparamos adaptándonos para dar respuesta a esta demanda.
  Tal vez el choque entre el autoritarismo de la educación tradicional y los enfoques menos rígidos de la educación de hoy pueda hacer caer a algunos en la tentación equívoca de que cualquier tiempo pasado fue mejor. ¿Recuerdan los medios materiales y los recursos de antaño? ¿Creen que eran mejor los procedimientos para imponer la disciplina? ¿Renunciamos al diálogo como fórmula de convivencia? ¿De verdad ustedes creen que nuestros alumnos de hoy están peor preparados que los de hace 30 años? ¿En cuántos ámbitos nuestros hijos nos superan? ¿Cuántas destrezas que ellos dominan nos resultan a nosotros imposibles? ¡Eso sí, no conocen la lista de los reyes godos ni localizan los lagos de África! ¡A menos que le demos cinco minutos para buscarlos en Internet!
  La indisimulada apuesta por la inversión en las Tecnologías de la Información y la Comunicación se revela como un factor diferenciador evidente en favor de las actuales generaciones y germen de las venideras.  Honestamente, ellos son mejores, y están mejor preparados, afortunadamente. Y queremos, desde una escuela mejor preparada, seguir preparándolos. Reforzando sus valores, enfrentándonos a los nuevos retos: nuevas tecnologías, aprendizaje de idiomas, desafío multicultural…
  Y sabemos que tendremos que superar dificultades. ¿Quién dijo que esto era fácil?
  Será nuestro desafío el conseguir formar a personas autónomas, hacer de ellas ciudadanos preparados para afrontar la convivencia en una sociedad plural y compleja. Este reto hace que nuestro trabajo resulte apasionante y nos sintamos orgullosos de ser maestras o maestros. Estamos preparados para afrontar otros 25 años desde el optimismo y el buen hacer. Seguiremos trabajando con ilusión y ahínco por nuestros alumnos, para que destaquen en la vida como personas responsables y se sientan orgullosos de haber adquirido con nosotros la base de su formación y de haber formado parte de esta Comunidad Educativa. Y todo ello desde la sensibilidad y el compromiso por un sentido democrático e igualitario de la Educación en nuestra sociedad.
  Y lo haremos desde el compromiso del sentimiento, como profesión y como vocación, al amparo de la reflexión de Howard G. Hendricks: «La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón».