La Gaceta (Opinión): La incorporación de la perspectiva de género en la educación


La incorporación de la perspectiva de género en la educación

La alumna del Ciclo Formativo de Grado Superior de Promoción de Igualdad de Género en el IES Bárbara de Braganza, de Badajoz, enseñanza que también se imparte en el IES Al-Qázeres de Cáceres, Granada Lucas Real, explica en este artículo de opinión la necesidad de una perspectiva de género integral en la educación

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23/10/2019 | Granada Lucas Real, Alumna de Promoción de Igualdad de Género

El modelo educativo que predomina en nuestro país desde los años setenta hasta la actualidad es el mixto, es decir, no existe una segregación por sexo ni en aulas ni curriculares. Así, se fue dejando atrás -en la educación pública- el modelo tradicional, que se trataba de una enseñanza masculina, religiosa y para la clase alta de entonces. A pesar de que se haya superado esta enseñanza tradicional no podemos afirmar que exista ya una igualdad real

Granada Lucas Real. (Cedida)

En nuestro país, más de 1.000 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas desde que comenzaron a contabilizarse en 2003. La cifra de feminicidios -asesinatos a mujeres perpetrados por hombres fuera del ámbito de la pareja, por lo que legalmente no son considerados violencia de género supera las mil víctimas desde que Feminicidio.net empezó a contabilizarlos desde 2010. 

El asesinato es la expresión más extrema de la violencia machista, de la mano de las agresiones sexuales o violaciones y el abuso sexual. De hecho, más de 13.000 delitos sexuales fueron registrados en 2018 por el Ministerio del Interior, y aunque no precisa cuántas de esas agresiones o abusos sexuales son grupales, Feminicidio.net en su proyecto GeoViolenciaSexual, ha recogido que durante 2018 y lo que llevamos de 2019 se han producido 115 agresiones múltiples

Esto solamente es la punta del iceberg, la parte más visible y explícita de la violencia hacia las mujeres. Si ahondamos hasta llegar a la base de ese iceberg, nos encontraremos con amenazas, insultos, humillaciones, chantaje emocional, control en la pareja, acoso callejero… formas de violencia ‘más sutiles’ como el humor, publicidad y lenguaje sexistas, invisibilización y anulación de la mujer en todos los ámbitos, los llamados micromachismos… 

Nadie nace siendo machista pero, si vivimos y nos educamos en una sociedad y un sistema patriarcal, todas las personas aprendemos a serlo. Uno de los agentes socializadores es el sistema educativo, a través del cual asimilamos una serie de pensamientos y comportamientos que nos irán moldeando. 

Nadie nace siendo machista pero, si vivimos y nos educamos en una sociedad y un sistema patriarcal, todas las personas aprendemos a serlo

Desde la infancia nos enseñan qué se espera de cada persona por haber nacido niño o niña. Es una realidad que en base al sexo biológico la sociedad nos impone un género, que no es otra cosa que una construcción social y cultural formada por unos roles y unos estereotipos. Para ellos el azul y para ellas el rosa, ellos serán unos campeones y ellas unas princesas, ellos fuertes y ellas delicadas. 

Así, desde que conocemos el sexo de la criatura, ya les estamos condicionando, y una vez que empiezan a ir al colegio esto no cambia. Por ello, si logramos que exista igualdad en la educación, nuestra sociedad será más igualitaria. El modelo educativo que predomina en nuestro país desde los años setenta hasta la actualidad es el mixto, es decir, no existe una segregación por sexo ni en aulas ni curriculares. 

Así, se fue dejando atrás -en la educación pública- el modelo tradicional, que se trataba de una enseñanza masculina, religiosa y para la clase alta de entonces. A pesar de que se haya superado esta enseñanza tradicional no podemos afirmar que exista ya una igualdad real. Aunque el modelo mixto defiende una educación conjunta e igualitaria podemos observar que hay una falta de perspectiva de género integral

Nos bastaría con echar un vistazo a los contenidos que hemos estudiado tanto en Primaria y Secundaria como en estudios superiores. ¿Cuántas mujeres importantes aparecen en los libros de texto y apuntes? ¿Conocemos a alguna mujer que haya destacado en Matemáticas y en Física? ¿Y en Arte y Literatura? ¿A cuántas mujeres hemos estudiado en Filosofía

Con esta invisibilización de los logros y aportaciones de mujeres, nos han robado parte de nuestra historia y, por desgracia, como niñas, nos hemos quedado sin ejemplos a los que seguir y admirar. De modo que podemos afirmar que la educación es androcentrista, donde el protagonista siempre es el hombre y de la mujer solo se habla en su condición de madre, esposa, amante o hija. 

Debido en gran medida a ello, muchas profesiones o estudios se han masculinizado. También existe una desigualdad de trato en el aula y en el uso de los espacios escolares. El primero ocurre a través del lenguaje sexista que utiliza el profesorado tanto para explicar cada asignatura como para dirigirse a los alumnos y alumnas, estableciendo relaciones injustas entre los sexos. 

Y respecto a lo segundo, nos referimos al hecho de que espacios como el patio del recreo siga estando segregado. Todo lo anterior, unido a la ausencia de una educación afectivo-sexual -lo que provoca que jóvenes se eduquen en la pornografía- y socioemocional, y a un profesorado con una casi inexistente formación en igualdad, provoca una perpetuación de roles y estereotipos de género. 

Para ir más allá de la educación mixta, podemos recurrir a un método de intervención educativa como es la coeducación. La coeducación consiste en integrar la perspectiva de género para educar desde la igualdad de valores de las personas que, por cierto, la LOE establece como normativo el principio de no discriminación por razón de sexo y como principio educativo la formación en igualdad entre los sexos y el rechazo de toda forma de discriminación. 

Este modelo está basado en la inclusión de contenido que reconozca la contribución social, científica, histórica y cultural de las mujeres que, junto a una orientación académica y profesional no sexista, se motivará a las alumnas para que se interesen y participen en asignaturas que tradicionalmente son masculinizadas como las Ciencias y la Tecnología.  

Otra de sus bases es la incorporación de educación socioemocional para promover valores como la empatía, el apego y la solidaridad en los alumnos, y la firmeza y la confianza en sí mismas en las alumnas. Se basa también en la educación afectivo-sexual de forma integral, donde se trabaje por la diversidad sexual, el autoconocimiento, para romper estereotipos sexistas creados por la pornografía, etc. Y, por último, en el empleo de una comunicación y lenguaje inclusivo. 

Alumnado del ciclo formativo. (Cedida)

Como estudiante de segundo del Ciclo Formativo de Grado Superior de Promoción de Igualdad de Género, en el Bárbara de Braganza, en Badajoz, he aprendido entre otras cosas a analizar diferentes ámbitos desde una perspectiva de género. 

Tanto mis compañeras como yo hemos llegado a la conclusión que es esencial intervenir socialmente desde la educación. Es fundamental sensibilizar a las familias para que en casa vayan llevando a cabo cambios como la corresponsabilidad, una mayor comunicación entre las y los miembros, y también formando al profesorado y a los equipos educativos en general, ofreciéndoles herramientas y material para trabajar la igualdad en el aula

Somos conscientes de lo lento y difícil que puede ser incorporar la coeducación en los centros educativos y hay que empezar por concienciar con talleres, proyectos y planes de igualdad. 

Como futuras profesionales en igualdad de género, vamos conociendo y manejando distintos ámbitos y colectivos con los que trabajar para incorporar una perspectiva necesaria para lograr un cambio social

Como futuras profesionales en igualdad de género, vamos conociendo y manejando distintos ámbitos y colectivos con los que trabajar para incorporar una perspectiva necesaria para lograr un cambio social, ya que no solo podemos intervenir en asociaciones y ONGDs, sino también en empresas implementando planes de igualdad y, por supuesto, en las zonas rurales promoviendo redes de participación. 

De hecho, en mi pueblo, Calzadilla de los Barros, donde se han creado algunas agrupaciones de mujeres progresistas y rurales, también se realiza una semana cultural en la que generalmente se reúnen mujeres, siendo una gran oportunidad para estrechar lazos y aportar conocimientos creando espacios de interacción necesarios en un mundo rural en el que la mujer tiene un papel muy limitado al ámbito doméstico y en el que no hay espacios de ocio para ellas. 

Me gustaría destacar para finalizar, como feminista, la importancia de participar activamente en la sociedad, en espacios feministas como asociaciones o plataformas ciudadanas como la Plataforma 8M, ya que es necesario combinar estas herramientas y formación con un posicionamiento claro. 

El feminismo es un movimiento social y claramente político que lucha por conseguir los derechos que nos pertenecen a las mujeres, unos derechos que nos han sido negados. Es esencial conocer bien nuestra historia, para ser conscientes de por qué luchamos. El feminismo es un movimiento colectivo con unos principios sólidos y asentados. 

El feminismo es anticapitalista y por lo tanto abolicionista de toda explotación con fines reproductivos y sexuales. El feminismo es antifascista, posicionado en contra de ideologías de esta índole que solo incitan al odio, al racismo y a la homofobia

Como a mí personalmente me gusta decir, el feminismo es conciencia y rebeldía. Siempre. Me quedo con estas palabras de una activista internacionalista que actualmente se encuentra en Rojava: “No aguantemos más y luchemos en todos los frentes, cada día. Perdamos el miedo a la libertad, que solo luchando durísimo se consigue”.

Edita: Consejería de Educación y Empleo - Junta de Extremadura
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