La Gaceta (Entrevistas): "Llevo ya cinco meses aquí y he de decir que no podría estar más feliz"


Entrevista a Marta Rodríguez Caldera, disfruta de una beca Amancio Ortega en Canadá

"Llevo ya cinco meses aquí y he de decir que no podría estar más feliz"

Esta alumna del IES 'Santa Eulalia', de Mérida, es una de las 500 afortunadas a nivel nacional con una de las becas que la Fundación Amancio Ortega otorga a los estudiantes de 4º de la ESO para que estudien durante diez meses Bachillerato en Estados Unidos o Canadá. Marta Rodríguez Caldera eligió Canadá porque cree que "es más atractivo y que contaba con un mejor sistema educativo y una alta calidad de vida"

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07/02/2018 | Maite Vega

Marta Rodríguez Caldera que, hasta el curso pasado estudiaba 4º de la ESO en el IES ‘Santa Eulalia’, de Mérida, está actualmente estudiando 1º de Bachillerato en ‘Avon View High School’ un instituto de Halifax, en Nueva Escocia-Canadá. A esta alumna emeritense, que tiene 16 años le gusta salir con sus amigos y amigas, pasear, aprender inglés, leer, ... y, además también le gustan los caballos y viajar, le encanta conocer nuevos lugares y vivir todo tipo de experiencias, de ahí que “me embarcara en esta aventura”

Marta Rodríguez (izda.), junto a dos compañeros de instituto. (Cedida)

PREGUNTA. ¿Por qué querías solicitar una beca Amancio Ortega?¿Cómo fueron los días previos al viaje?


RESPUESTA. Todo comenzó cuando una amiga me habló de las becas que la Fundación Amancio Ortega daba todos los años a adolescentes españoles de entre 15 y 16 años a estudiantes de 4º de la ESO, con el objetivo de estudiar durante un período de diez meses en Canadá o en Estados Unidos.

Yo, en cuanto lo supe, no dudé en presentarme, me parecía una oportunidad única, de esas que te encuentras una vez en la vida y no me lo pensé dos veces. Quizás podría ser una de los 500 afortunados de toda España en hacer realidad ese sueño de estudiar en otro país. 

P. ¿Qué requisitos pedían y qué has tenido que hacer para que te la concedan?

R. Primero, tuve que realizar la solicitud online, rellenando datos personales así como de los padres, instituto en el que estudiaba, etc. Además, tuve que adjuntar las notas académicas del año anterior, teniendo que tener al menos una mínima de un 7 de nota media en el expediente y un 8 en la asignatura de inglés.

Una vez enviado todo dentro del plazo tuve que hacer la primera prueba, que fue un examen escrito en Cáceres, dividido en reading, listening y writing. Esto permitía conocer el nivel que tenía de inglés.  

Tras esa primera y decisiva prueba, de entre los 9.300 estudiantes tan sólo 1.500 fuimos seleccionados para pasar a la segunda y última prueba, una oral por Skype, que consistía en hacer una presentación en inglés durante tres minutos sobre un tema libre y, posteriormente, los examinadores me hicieron una entrevista para conocer el nivel de madurez y capacidad de adaptación a otro país. 

Por fin, tras una larga y tediosa espera, el 27 de enero de 2017 salió la lista definitiva de los 500 seleccionados que cambió mi vida. Y sí, mi nombre estaba ahí, me iba a Canadá en el siguiente curso, pues es el país que elegí al rellenar mi solicitud, ya que me parecía más atractivo y que contaba con un mejor sistema educativo y una alta calidad de vida. 

Todo se hace por apuntes y mucho trabajo en grupo en la clase, lo cual te ayuda a conocer a más gente y te enseña a trabajar en grupo

P. ¿Ha habido algún tipo de preparación previa?

R. Tras saber que sí me iba tuvimos que empezar con temas de papeleo, encuentros para nuestros padres, orientaciones en Madrid, donde nos reunieron a los seleccionados un fin de semana, que consistían en prepararnos mental y emocionalmente para la experiencia futura, además de conocer a muchísima gente increíble que, a día de hoy, son muy importantes en mi vida. 

Semanas  previas a mi partida comenzaron las despedidas, tanto de amigos como de mi familia. Reconozco que fueron momentos duros pero, al fin y al cabo, sabía que los iba a volver a ver una vez pasados los diez meses.  

Dejé España el 31 de agosto de 2017 y ese día me subí a un avión que me llevó a Toronto en un largo viaje,  ¡para qué mentir!. Lo mejor de él fue la gente con la que iba, eso lo hizo algo más ameno. Después de hacer escala en Toronto, solo me quedaban dos horas más de vuelo hasta Halifax, en Nueva Escocia, que es donde estoy actualmente.   

Cuando por fin llegué a mi destino, mi host mom (madre de acogida) me esperaba con un cartel deBienvenida a Canadá’, la alegría al conocerla en persona fue tremenda. Ya nos habíamos escrito previamente y estábamos en contacto vía Facebook, por lo que conocía a su familia y su estilo de vida. 

P. ¿Tu estancia en Canadá cómo está siendo?

R. A día de hoy estoy en un pueblecito llamado Windsor, de la región de Nueva Escocia,  llevo ya cinco meses aquí y he de decir que no podría estar más feliz. 

El instituto es otra pequeña gran adaptación. Se llama Avon View High School, cuenta con unos 900 alumnos y hay alrededor de 50 estudiantes de nacionalidades de todo el mundo, lo que lo hace muy interesante, hablar con estudiantes de Japón, México, Brasil, Taiwán … Es diferente a mi instituto en Mérida y tremendamente enriquecedor.  

Una vez al mes, preparan convivencias para los estudiantes internacionales y hacemos bastantes actividades como esquiar, ir a conocer las ciudades cercanas, acampadas en parajes increíbles, ir a parques de atracciones, a ver partidos de hockey, etc. 

Como actividad muy especial, fuí seleccionada para participar en una gala solidaria que se organizó en Halifax. Un encuentro con 3.000 estudiantes de toda la región donde, en un pabellón gigante, había actuaciones musicales, charlas de indígenas y de personas que han superado dificultades en su vida, me impresionó la charla de un chico que había subido el Himalaya sin piernas o una mujer maltratada por su marido que había creado una organización para ayudar a aquellas que los necesitaran. Fue simplemente increíble poder haber disfrutado de esa oportunidad. 

P. ¿Cuáles son las principales dificultades con las que te has encontrado al llegar a Canadá?

R. Debes adaptarte rápidamente al idioma, ya que las clases son en inglés y, hasta con la forma en la que dan clases, muy diferente a la de España.  

Debes adaptarte rápidamente al idioma, ya que las clases son en inglés y, hasta con la forma en la que dan clases, muy diferente a la de España

P. ¿Cómo es el trato con los profesores y con los compañeros? ¿Qué diferencia encuentras con España en general y en cuanto al sistema educativo? ¿Cómo es un día normal en el centro donde estudias?

R. Los profesores son muy simpáticos, están siempre ahí para ayudarte en todo lo que pueden. Te explican todo bien y claro y en muchas ocasiones no hay casi que estudiar para los exámenes, ya que en clase se hace mucho trabajo práctico y apenas tenemos deberes, pues las clases son lo suficientemente largas como para machacar todos los contenidos y practicarlos.

Cada clase dura una hora y quinc minutos y, como curiosidad, todas las asignaturas se dan todos los días, por eso solo tengo cuatro asignaturas cada semestre.

En el primer semestre he tenido Biología, Matemáticas, Yoga y Química;  este siguiente semestre tendré otras cuatro asignaturas diferentes: Liderazgo, que es educación física aplicada a la vida diaria y a los primeros auxilios, Cocina, Historia global e Inglés.  

Otra cosa que me encanta de su sistema educativo es que no tenemos libros. Todo se hace por apuntes y mucho trabajo en grupo en la clase, lo cual te ayuda a conocer a más gente y te enseña a trabajar en grupo. 

Todos ellos te intentan ayudar siempre en todo aquello que pueden. Es fantástico trabajar en equipos en clase, hace que el tiempo se pase volando y que siempre tengas mucha motivación por ir al instituto, porque es un sistema que se basa en aprender de forma práctica, nunca memorizando. 

La alumna Marta Rodríguez junto a su madre de acoginda en Canadá. (Cedida)

P. Háblanos de la familia de acogida...

R. Además del instituto, la vida cotidiana aquí es bastante diferente a la de España, tuve que aprender y adaptarme a un montón de cosas nuevas: primera vez en el instituto, el nuevo estilo de vida canadiense y las normas de la casa, aunque es cierto que me tratan como si fuera parte de su propia familia, y eso te relaja mucho. 

En general, los canadienses son muy familiares y les gusta hacer cosas todos juntos, cenas, celebraciones, salidas al campo, actividades en la ciudad, y eso a mí me encanta. Recuerdo que en el mes de septiembre había una feria y allí fuí con el nieto y la hija de mi madre de acogida, fue divertidísimo.

También viví una extraordinaria experiencia, ya que una de las hijas de mi madre de acogida se casó y pude vivir una boda canadiense, con su ceremonia religiosa, la comida y los bailes típicos, estilo country que hacen aquí. Disfruté muchísimo de todo. 

P. ¿Cómo ha sido el período de adaptación?

R. A pesar de tantas novedades,  no tardé en adaptarme al cambio horario, las horas de las comidas, el idioma, el instituto...eso sí, a las comida aún no me he acostumbrado ,ya que los guisos y la elaboración de recetas en casa no es su fuerte.   

Sin duda, una de las cosas más difíciles fue adaptarse al idioma, la diferente entonación, la forma de hablar, el acento, aunque poco a poco me fui adaptando al sonido del inglés. Ya que hay algo nuevo que aprender cada día.  

Otra de las mayores dificultades ha sido el hacer amigos canadienses, ya que no suelen ser tan abiertos como los españoles, pero con el tiempo he ido cogiendo más confianza con algunas compañeras de clase, y ya salimos a tomar algo a uno restaurante muy típico aquí llamado  ‘Tim Hortons’. 

Como forma de vida, hay algunas diferencias que merece la pena que os cuente. Los adolescentes se pueden sacar el carné de conducir a los 16 años, lo cual es necesario, ya que las distancias son enormes y para ir al supermercado más cercano, o tienes coche, o te espera una caminata de unos 30-40 min.  

La mayoría de los estudiantes de mi instituto trabajan. Es curioso ir a ‘Mcdonald´s’, ‘Tim Hortons’ o cualquier otro restaurante de comida rápida, incluidos supermercados, y que uno de tus compañeros de clase sea quien te atienda.  

Una de las actividades obligatorias dentro del  programa de Becas es la realización de actividades de voluntariado, y me lo paso genial. He participado ayudando a asociaciones sin ánimo de lucro ofreciendo comidas o participando en tómbolas solidarias ayudando a los organizadores, por lo que después se sienten  muy agradecidos y son  amables cuando ayudas en estas causas. 

Pero no todo es tan perfecto, hay veces que también parece que estás en una completa montaña rusa. Los sentimientos se triplican, el peor día es un día horrible y, el mejor, parece ser el día más feliz de tu vida.  

P. ¿Qué estás aprendiendo? ¿Hasta cuándo te quedas allí?

R. Se aprende cada día, te das cuenta de las importancia de los pequeños detalles, esos que marcan la diferencia. De cosas que estaban tan asumidas en tu rutina que ni te dabas cuenta de lo importante que son, un ejemplo podría ser los ‘buenos días’ de tus padres.  

Llevo cinco meses, por lo tanto me quedan otros cinco aún en Canadá. Cogeré el avión de vuelta el 29 de junio de este año. Estoy justo en el ecuador, con muchísimo aprendido y deseando salir ahí fuera y descubrir las miles de cosas que aún quedan por ver, con muchísimas ganas de seguir descubriendo el mundo.

Porque los sueños no se acaban al abrir los ojos, sino que empiezan y, sin duda, la maravillosa oportunidad de estudiar y vivir en otro país ha hecho que madure y valore muchísimo los pequeños detalles de mi día a día.

Edita: Consejería de Educación y Empleo - Junta de Extremadura
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