La Gaceta (Entrevistas): "Es imprescindible realizar una inversión en valores humanos, ya que pocas veces están incluidos en la formación"


ENTREVISTA A VIRGINIA HERRERO CAÑAMERO. PSICÓLOGA Y PSICOTERAPEUTA

"Es imprescindible realizar una inversión en valores humanos, ya que pocas veces están incluidos en la formación"

Virginia Herrero es psicóloga y psicoterapeuta. También es propietaria de un centro en el que ofrece tratamiento psicológico tanto a niños como a personas adultas. Se formó también como monitora de Hatha Yoga e imparte sesiones semanales. Actualmente, está impartiendo un curso sobre Gestión del talento emocional en el aula de FP Básica, en el CPR de Zafra

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10/02/2021 | Maite Vega

Ha alternado el trabajo en la clínica con la docencia, por lo que ha impartido cursos para CSIF, asociaciones de ocio y tiempo libre, trabajadores públicos, SEPAD... sobre motivación para empleados públicos, gestión del estrés, síndrome de Bournout, y comunicación en equipo, entre otros temas. Ha colaborado también con las AMPAS y Asociaciones infantiles como formadora y asesora

Virginia Herrero. (Cedida)

Pregunta.- El día a día se vive cada vez más de una manera vertiginosa, bien directa o indirectamente, y esto también repercute en la educación y supone un obstáculo para el desarrollo del talento del alumnado...

Respuesta.- Resulta obvio que la educación es el reflejo más fiel de la sociedad en la que vivimos. Hablamos de educación en el sentido más amplio de la palabra. Educar supone formar y preparar a un futuro adulto para la sociedad que le toque vivir y, esto, en muchas situaciones, se vuelve una tarea ardua y controvertida.

En primer lugar, porque educar es una tarea de dos y he aquí el primer obstáculo. No solo depende del educador, sino que es una simbiosis en la que las dos personas se transforman. Hay que tener siempre en cuenta que hay un otro que trae su propio potencial, su propia manera de ver el mundo y asimilar lo que intentamos transmitirle.

El segundo reto que se deriva de mi propia definición tiene que ver con el salto generacional. A ti te educaron en un contexto específico, con una sociedad concreta que nada tiene que ver con la que vivimos en el momento presente. De la misma manera, has de tener presente que la persona a la que educas se desarrollará como adulto en un mundo del que también deseamos que sea diferente.

Estos son solo dos ejemplos de por qué la educación tiende cada vez más a humanizarse, a centrarse en valores y competencias ligadas al objetivo de que la persona consiga convertirse en la mejor versión de sí misma.

Y si nos centramos en las escuelas, en la educación como fiel compañera de la formación, el desafío es aún mayor. Los profesores de hoy en día se enfrentan a aulas cada vez más diversas, no porque antes no existieran las diferencias, sino porque ahora se reivindica más su importancia, con alumnos y alumnas para los que la escuela o el instituto es su máximo ambiente de socialización, con una inversión en educación humana que genera, muchas veces, clases en las que los currículos se ven supeditados a la propia vida que adquiere el grupo y sus miembros.

P.- Las autoridades ponen el foco en las competencias personales y profesionales en el ámbito educativo, ¿cómo se desarrolla el talento en base a estas competencias?

R.- Los y las docentes de hoy en día deben tener claro que su competencia didáctica es una parte importante pero no la única de su currículum. Es imprescindible realizar una inversión en valores humanos, ya que pocas veces están incluidos en la formación y, lo más sorprendente, en la selección del personal.

En la actualidad, los profesores se interesan cada vez más en cómo llegar a un alumnado diverso y no siempre motivado. El docente se erige en líder de un grupo de alumnos que experimentan y expresan en el aula todo tipo de emociones que son resultado de su propio bagaje personal y familiar.

Por ello, la formación de un docente tiene que pasar por la gestión de su propio material emocional. El trabajo en el aula es un continuo contagio emocional, una transferencia constante en la que las emociones y bloqueos del profesor salen a la luz junto con las del propio alumno. Así, los primeros no solo tienen que esforzarse en conocer las herramientas y técnicas de gestión emocional, sino llevar a cabo un trabajo mucho más profundo que les permita 'calzarse los zapatos de sus alumnos' para poder interactuar con ellos de una forma mucho más segura y saludable.

La psicóloga en su centro donde imparte clases. (Cedida)

P.- Hoy en día hay una parte del alumnado al que el profesorado le cuesta llegar porque el propio alumnado no pone de su parte, ¿cómo se puede llevar a cabo esta tarea gestionando el talento emocional del alumnado?

R.- En primer lugar, observando al profesor y reflexionando sobre las posibles causas de que no consiga llegar al alumno. Como hemos reflejado antes, la educación es un proceso transformador en el que todos los involucrados en la relación contribuyen de una u otra manera. No hay que confundir responsabilidad con culpabilidad. El profesor o profesora tiene que darse la oportunidad de parar, respirar y observar qué está ocurriendo más allá de los hechos observables.

A partir de ahí, hay que formarse en la gestión del talento emocional para poder llegar al alumnado sin exigencias, falsedad ni distancia, sino desde la presencia y la autenticidad.

En ocasiones, el profesorado necesita volver a motivarse, redescubrir los motivos que le llevaron a estar aquí y ahora formando a sus alumnos y alumnas. Todo ello sin olvidarse de que también son seres humanos con un mundo interno y externo propio que condiciona su manera de estar en el aula.

Al final, todo pasa por uno mismo, y esta es mi premisa. Es necesario conocerse, aceptarse y estar abierto a gestionar el propio mundo emocional para poder explorar el de un alumno o alumna.

P.- ¿Qué propuestas innovadoras y motivadoras de trabajo existen y se pueden aplicar para el alumnado que se encuentra en situación de riesgo de abandono escolar temprano?

R.- Es necesario avisar de algo muy importante: no hay recetas mágicas ni propuestas infalibles. Se trata de una carrera de fondo, un proceso de conocimiento mutuo en el que el alumno ha de sentir a su docente como alguien cercano y un adulto de referencia en el que confiar.

En este sistema tan cambiante, muchas veces los profesores se encuentran con alumnos nuevos cada año. Esta dinámica tiene un coste, y es que el docente se encuentra perdido entre todo el bagaje que el propio sistema educativo ha generado en el alumno.

Tenemos que ver cada encuentro como una oportunidad de crecimiento, como una ocasión para sembrar la semilla, por lo que no hay que autoexigirse resultados milagrosos. El profesor ha de tener presente que es una parte más de la amplia vida de su alumno, pero también que tiene el poder de transformarle inevitablemente aunque a veces no sea testigo del resultado.

Desde ahí, es imprescindible contar con mucha empatía, una escucha activa, creatividad y, sobre todo, grandes dosis de humor y amor. Y esto no quiere decir que los docentes tengan que convertirse en amigos del alumno, sino más bien en una figura en la que apoyarse, confiar e ir resolviendo el gran conflicto que supone madurar y prepararse para un futuro incierto en la vida adulta.

Una propuesta maravillosa para los docentes en estos tiempos reside en la idea de formar grupos de supervisión: grupos de iguales en los que poder compartir situaciones, relaciones o conflictos derivados de emociones intensas que les desbordan. Poder sentirse escuchados, apoyados y sostenidos supone ya un gran alivio para ellos.

Y con respecto a los alumnos, es importante poder recuperar el valioso tiempo de las tutorías individuales y grupales. Estos espacios son especialmente útiles para conocer y conectar con el momento presente de sus alumnos, descubrir qué les ocurre a cada uno y poder individualizar un poquito más las intervenciones sin la presión del grupo y de la tarea que corresponda a ese día.

P.- ¿Esta tarea es fácil o difícil? Es decir, la teoría la vemos siempre fácil y la entendemos, pero luego ya la práctica…

R.- La carrera de Magisterio, la de Educación Infantil o cualquier otra formación que vaya dirigida a la enseñanza son instrumentos decisivos para la transformación social. Se trata, eso sí, de una tarea muy compleja por la cantidad de componentes que la forman. 

Como hemos apuntado antes, el docente no es un ser inerte, sino un ser humano con su propia vida, circunstancias y situaciones que afloran en cada clase. La precariedad laboral, los constantes cambios de sistema, las exigencias cada vez mayores en el trabajo fuera del aula… Todo eso hace de la vida del profesor una verdadera carrera de fondo que no siempre se ve reconocida.

Además, estamos inmersos en un momento de crisis en la educación. Han sido tantos y tantos los cambios que se han producido en el sistema educativo durante los últimos años, que los profesores se sienten perdidos y aturdidos en muchas ocasiones. En mis ponencias siempre les hago reflexionar sobre esto: cambiar una ley de tanta magnitud cada cuatro años ha de aportar algo significativo. Es la ley que más transforma la sociedad, ya que lo hace de una forma transversal y efectiva. Además, incide directamente en la manera de humanizar una sociedad.

La educación está pasando de un sistema rígido, universal y centrado en conceptos a un sistema flexible, personalizado y basado en un aprendizaje mucho más procedimental.

P.- ¿Qué herramientas existen para gestionar las emociones?

R.- Son muchas las herramientas que pueden poner en marcha los profesores en su quehacer cotidiano y todas pasan por un momento de reflexión previo. La clave no consiste en aplicar herramientas porque sí, sino plantearnos un objetivo concreto y pequeñito y desde ahí poder ir generando el clima que deseamos.

En el curso de Gestión del Talento Emocional, por ejemplo, empleo un botiquín de primeros auxilios emocionales. Esta sesión es el cierre de un curso en el que primero analizamos la realidad del aula y profundizamos sobre ella. Desde ahí, proponemos aplicar técnicas de relajación y movimiento como parte de la rutina de la clase, así como dinámicas de comunicación asertiva para prevenir conflictos en el aula. Conocer y enseñar la espiral de la ira es imprescindible para detectar cuándo estamos ante una escalada y para que sean los propios alumnos quienes puedan gestionarla. El uso del humor en el aula, la expresión del dolor y la tristeza, la creación de un protocolo propio y consensuado en caso de ‘bullying’ y cualquier ataque entre compañeros… Son miles las herramientas que podemos poner en práctica, pero el docente no debe olvidarse de que, en este tipo de trabajos, nosotros somos nuestra propia herramienta, y quizá la técnica más poderosa sea el autocuidado y la compasión.

Por otra parte, todas estas herramientas necesitan de un marco teórico, un conocimiento de psicología evolutiva y desarrollo del sistema nervioso para poder entender en qué etapa concreta están nuestros alumnos. A partir de ahí resulta más sencillo poder aplicar las herramientas y escoger aquellas que mejor se adapten a cada etapa. No es lo mismo un aula de alumnos de 10 años que una de 14. Tampoco es lo mismo dar clases en FP Básica o en Bachillerato, ser profesor titular de una asignatura o trabajar con alumnos con necesidades especiales en clases de refuerzo… Como hemos comentado antes, es importante tener en cuenta que la educación exige cada vez más formación en psicología y neuropsicología para poder entender el sustrato que nutre al alumno que tengo delante.

Virginia Herrero toma notas durante una de las sesiones en su centro. (Cedida)

P.- ¿Qué habilidades comunicativas se pueden potenciar para prevenir que haya conflicto?

R.- Como hemos apuntado antes, es importante determinar la edad y la etapa en la que se encuentran los alumnos. Resulta fundamental recordar que estas habilidades se aprenden, por lo que es necesario trabajarlas desde los primeros cursos de educación. Si comenzamos ahí, estaremos sentando las bases de un verdadero talento emocional.

El conflicto viene generado por la ira, una emoción necesaria para poder defender mis propios intereses y reafirmarme en mi autoconcepto y definición de quién soy yo. Es necesario poder enfadarse por muy desagradable que sea esta emoción. La agresión se produce, ya sea de forma activa o pasiva, el daño se hace, ya sea a uno mismo o al otro, por lo que conocer a esta eterna compañera y aprender a gestionarla es básico para un buen desarrollo personal.

Por lo tanto, la primera herramienta sería conocer qué es la ira y aceptarla como parte de mi mundo emocional. El segundo paso consistiría en conocer y experimentar cómo se genera la ira a nivel neuropsicológico. La rabia activa partes del cerebro muy concretas que producen consecuencias fisiológicas y psicológicas específicas. Por ejemplo, y sin extendernos mucho: la parte frontal del cerebro, aquella encargada del razonamiento y el análisis de las consecuencias, se desactiva. Por lo tanto, ante un conflicto, lo primero es poder desactivar la rabia, devolver al sistema nervioso a un estado más relajado usando técnicas como la relajación, la expresión de la rabia de forma segura… Una vez que el cuerpo vuelve a un estado 'normal' podemos entrar a elaborar el conflicto, expresando emociones y posibles soluciones, si es que las tiene. Pero intentar razonar en medio de un ataque de ira, o de ansiedad, o de rabia, o de pánico… Es científicamente imposible.

P.- El profesor ya no se puede limitar solamente a impartir clases, sino que debe tener unas dotes de coach dentro del aula…

R.- Obviamente ya hemos hablado antes de lo que esto supone. El profesor es un referente adulto que va a transformar inevitablemente la vida de su alumno o alumna. Es un testigo del rápido crecimiento de sus alumnos y alumnas, de sus enfados, tristezas, alegrías, frustraciones, sueños y proyectos. La profesora o profesor está implicado inevitablemente en la vida del aula y forma parte de todo lo que allí ocurre.

Es por esto que los docentes intentan aprovechar al máximo una situación tan privilegiada. Quieren sacar todo el provecho posible a la ingente experiencia vivencial que presencian cada día en sus clases.

Pero, aunque me repita mucho, me gustaría subrayar esta idea una vez más. Ser ‘coach’ no significa estar siempre disponible, siempre acertado, siempre correcto, siempre atento. Muchas veces, el ideal de ser un buen profesor aleja a ese ser humano de sus alumnos. La exigencia le impide poner en valor la herramienta básica para cualquier relación: autenticidad y presencia.

P.- El mundo emocional tiene un gran peso para resolver cuestiones y problemas en el aula, ¿cuáles serían los primeros auxilios emocionales a aplicar de los que hemos hablado antes?

R.- Pues voy a resumirlos en estos ‘tips’. En todo botiquín de un buen docente debe existir lo siguiente: practicar la escucha interna, aprender a reconocer los propios estados internos te permitirá conectar mejor con tus alumnos. El humor, la mejor medicina para el alma. La risa sana. El uso de técnicas de relajación fáciles como la respiración o el movimiento para calmar la ansiedad, o simplemente crear un clima más proclive al aprendizaje.

Una dosis diaria de comunicación emocional. Permitir unos instantes de encuentro honesto entre el grupo. Aceptar todas las emociones como necesarias. Es censurable su expresión pero nunca su sensación. La sencillez es la clave. Enseña desde el corazón aceptando que tú eres una parte más del complicado puzzle de tus alumnos.

Apoyar no es sinónimo de solucionar. Estar ahí, escuchar, una mirada... Un contacto es, muchas veces, lo más valioso que puedes hacer por ellos. Como bien decía Joan Manuel Serrat: es insufrible ver que lloras y yo no tengo nada que hacer.

El silencio y la respiración profunda serán la llave que abra un alma más pura sin el engaño ni las defensas del pensamiento.

 

 

 

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