La Gaceta (Hemeroteca): El CEP Miramontes, de Azuaga, mejora la inclusión y humaniza la enseñanza gracias al programa de Centros que Aprenden Enseñando


El CEP Miramontes, de Azuaga, mejora la inclusión y humaniza la enseñanza gracias al programa de Centros que Aprenden Enseñando

El CEP Miramontes está catalogado como centro de atención educativa preferente (CAEP) debido al alto número de alumnos de etnia gitana o pertenecientes a clases sociales desfavorecidas o vulnerables en situación de exclusión social. En este programa vio la oportunidad de poder cambiar dinámicas del centro

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07/03/2022 | Joaquín Gala Morilo. Coordinador del programa CqAE

Gracias al programa Centros que Aprenden Enseñando (CqAE), el CEP Miramontes, de Azuaga, ha puesto en marcha el proyecto 'Patios Inclusivos' y un programa de educación emocional; además, los docentes llevan a cabo sesiones semanales de co-docencia y otras actividades relacionadas con la robótica educativa, RadioEdu y Scholarium. Y este curso, el centro educativo ha comenzado su andadura como Aula del Futuro.

Joaquín Gala Morilo. (Cedida)

El pasado 27 de octubre se celebró en el CPR de Mérida la 'Jornada de Presentación' del programa Centros que Aprenden Enseñando (en adelante CqAE) a la que tuve la enorme satisfacción de ser invitado por los responsables del programa para transmitir, a los compañeros de los nuevos centros que se incorporan al programa, las experiencias de nuestro colegio en relación a este programa. La jornada resultó muy productiva, no solo por el hecho de poder contar al resto de personas allí presentes cómo estamos trabajando en nuestro centro, sino también por el intercambio de prácticas educativas realmente interesantes.

Pues bien, el CEP Miramontes comenzó su andadura en este programa allá por el curso 2018/2019 por lo que este año partimos como CqAE4.  Nos encontramos en la localidad de Azuaga, al sur de Badajoz, y contamos con 415 alumnos distribuidos en 21 unidades solo de Educación Primaria y 38 maestros y maestras.

El CEP Miramontes está catalogado como Centro de Atención Educativa Preferente (CAEP) debido al alto número de alumnos de etnia gitana o pertenecientes a clases sociales desfavorecidas o vulnerables en situación de exclusión social. En este programa vimos la oportunidad de analizar nuestras prácticas como docentes y el poder cambiar dinámicas del centro.

Durante el primer curso nos reuníamos con una periodicidad quincenal, todos juntos,  para profundizar en el conocimiento de las competencias profesionales docentes y reflexionar de forma conjunta y colegiada sobre nuestras prácticas educativas. Todo ello, guiados por el asesor responsable del CPR de Azuaga, Francisco Morillo, y por las personas del Servicio de Innovación e Inclusión Educativa encargadas de dinamizar el programa, las cuales pusieron a nuestro servicio multitud de recursos y estrategias para facilitarnos el trabajo.

Fue un año duro por el sobresfuerzo que suponía, pero el resultado final mereció la pena. Como producto, obtuvimos un informe final autovalorativo a modo de selfie del centro en el que se recogían, tanto aquellas prácticas educativas que estaban funcionando como las que eran susceptibles de mejora o que eran inexistentes. Por tanto, no solo teníamos cómo estábamos, sino también hacia donde debíamos encaminarnos.

Durante el primer trimestre del curso 2019/2020 transformamos ese informe autovalorativo en nuestro Plan Espiral de Mejora. Para ello, convertimos aquellos aspectos deficitarios en objetivos de mejora y nos organizamos de forma diferente. En este caso, comenzamos a hacerlo a través de la Comisión de Coordinación Pedagógica (CCP), porque de esta forma nos asegurábamos la coordinación entre todos los docentes, a la vez que los pasos que íbamos dando quedaran institucionalizados en el centro recogidos en las actas de la CCP.

El siguiente reto fue determinar qué objetivos íbamos a abordar durante ese segundo año y que actuaciones se iban a llevar a cabo. Partiendo, como he dicho, de la CCP, configuramos cuatro equipos dinamizadores de esas acciones (como responsables de cada una de ellas), se temporalizaron y se establecieron tanto los indicadores para su seguimiento como para su evaluación. Cuando nos disponíamos a comenzar con estas actuaciones, llegó la pandemia y con ella el confinamiento estricto. No pudimos retomar el programa hasta bien entrados en el curso 2020/2021.

Una vez expuesto el recorrido que hemos llevado a cabo en el programa CqAE, se hace necesario que cuente el impacto que dicho programa ha tenido en nuestro centro, principalmente en los siguientes ámbitos: los alumnos, los docentes, la organización del centro, los espacios del centro.

Mejora de la inclusión

En cuanto a los alumnos, tenemos que decir que nuestras primeras actuaciones han ido encaminadas a mejorar la inclusión y a humanizar la enseñanza.

Los docentes han aprendido a identificar las competencias propias. (Cedida)

Como ya les indiqué anteriormente, el CEP Miramontes es un centro con un alto número de alumnos de etnia gitana o clases desfavorecidas, así como de alumnos con dificultades de aprendizaje. La inclusión de los alumnos ACNEAE,  ACNEE o en riesgo de exclusión social debe ir más allá de las aulas y de ahí la necesidad de intervenir, en este sentido, en los patios durante el periodo de recreo.

Se nos planteaban dos problemas. Por un lado, los alumnos de etnia gitana, que cuando bajaban al patio hacían pequeños grupos y no participaban de los juegos de los demás compañeros de clase y, en muchas ocasiones, estos grupos eran generadores de conflictos. Y, por otra parte, teníamos alumnos TEA que divagaban por los patios solos sin interaccionar con los compañeros.

Como actuación desde el programa, pusimos en marcha un proyecto denominado 'Patios Inclusivos' con el fin de proporcionar herramientas y estrategias para que todos los alumnos, con necesidades educativas o sin ellas, aprendan a jugar juntos y respetar la diversidad, así como disminuir el número de conflictos. Se organizaron las zonas de recreo para que no se invadiesen espacios y dar la oportunidad de jugar a todos los niños (zona del fútbol, de básket, de las combas, de los elásticos, de los truques…) y se establecieron turnos para que todos rotaran por todas las zonas. Se realizaron intervenciones en el aula por parte de la PTSC del centro y se  habilitó la biblioteca para que aquellos niños que lo deseen jueguen con diferentes juegos de mesa. Es más, firmamos un acuerdo de colaboración con el IES Bembézar para que alumnos de su ciclo formativo de Integración Social realicen sus prácticas con nosotros, siendo una parte de sus proyectos la intervención en los patios. Ya el curso pasado, contamos con una alumna de este ciclo en nuestro centro.

Para humanizar la enseñanza nos propusimos llevar a cabo un programa de educación emocional en el horario lectivo. Lo llamamos 'El monstruo de los colores' y estaba basado en el libro que tiene el mismo nombre. Cada monstruo de color se relaciona con una emoción, lo que nos ha servido para que los alumnos aprendan a expresar y distinguir emociones y sentimientos, desarrollar una mayor competencia emocional, trabajar las habilidades sociales y fomentar el autoconocimiento, la autoestima y la cooperación.

Con estas acciones, el centro se convierte para los alumnos en un lugar donde son más felices.

En relación a los docentes, no solo hemos aprendido a identificar nuestras competencias como docentes y recapacitado sobre nuestras prácticas educativas, sino que también nos hemos empapado de los fluidos fundamentales del programa: cooperar, colaborar, ayudarnos, compartir (como las abejas de una colmena), innovar, evaluar

Las decisiones en cuanto a las actuaciones a realizar se toman de manera colegiada, entre todos, todo el mundo aporta. Las actuaciones afectan a todo el centro (alumnado, docentes, familias…) y no solo a los cursos o niveles de los participantes en el programa. Si al hacer el seguimiento de una propuesta vemos que no funciona se acomete otra, por eso nuestro plan es una constate espiral de mejora.

En tan solo tres cursos hemos pasado de que cada maestro/a interviene en su aula (el por todos conocido dicho de que 'cada maestrillo tiene su librillo') a disponer de tres o cuatro sesiones semanales (en función del nivel y el número de sesiones de otras especialidades) de lo que hemos llamado 'Codocencia', es decir, durante estas sesiones dos docentes intervienen con el mismo grupo, de forma que disponen de oportunidades para cooperar en su función docente, compartir experiencias de éxito y reflexionar sobre las prácticas educativas que se proponen, huyendo del apoyo educativo a uno o dos alumnos de forma específica, aunque también sirve como medida de atención a la diversidad.

Otras de nuestras debilidades era la de proponer y compartir prácticas innovadoras y como actuación, además de introducir en el currículum del centro la robótica educativa como metodología activa de aprendizaje, nos planteamos aumentar en el centro el número de programas de Innovated. Cuando comenzamos en CqAE contábamos con los programas Scholarium y Foro Nativos Digitales y en estos tres cursos hemos conseguido impulsar y poner en marcha RadioEdu y, para este curso, comenzamos nuestra andadura en Aulas del Futuro de Extremadura, un proyecto ilusionante que desde el punto de vista del CqAE, nos va a permitir disponer de un espacio en el que tanto alumnos como docentes puedan crear, interactuar, investigar, presentar, un espacio en el que la tecnología no sea un fin en sí misma, sino un medio para el cambio metodológico en el centro, un espacio que sirva de referencia para replicarlo en cada una de las aulas.

Todas estas actuaciones han provocado cambios, tanto en la organización del centro, sobre todo en la gestión de los horarios individuales de los docentes y en el uso de los patios durante el periodo de recreo, como en los propios espacios físicos, al habilitar una pequeña aula como estudio de radio o nuestro aula del futuro, en la que pretendemos unificar tres aulas y la sala de archivos y comunicarla con el edificio anexo.

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