La Gaceta (El rincón del alumnado): Alumnado del IES Castelar mantiene un encuentro con el escritor Manuel López Gallego


Alumnado del IES Castelar mantiene un encuentro con el escritor Manuel López Gallego

Empezó escribiendo libros de relatos La puerta del palacio, El equilibrista, Novena de San Matías, y de viajes, Estaciones del Sur, El río del lobo, pero desde que descubrió la literatura para jóvenes no ha abandonado este género. Con él ha conseguido lectores y reconocimientos: premio 'Leer es vivir', 'Villa de Pozuelo' o el de la 'Diputación de Córdoba', con títulos como: El alma del bosque, La manzana de Marco Polo, El naufragio, o El poeta y la muerte

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18/01/2022 | Redacción

El alumnado de 1º de la ESO del IES Castelar, de Badajoz, ha mantenido un encuentro con el escritor Manuel López Gallego, autor del libro de lectura El final del camino, el pasado mes de diciembre, en el salón de actos del centro educativo

Los alumnos con el escritor durrante un programa de radio. (Cedida)

Aunque de procedencia gallega, Manuel López Gallego, ha pasado casi toda su vida en nuestra región, donde reside y ejerció como profesor de instituto y nos parece un perfecto ejemplo de lo que debe entenderse por una correcta literatura juvenil. Nació en Camelle (La Coruña) en 1960, estudió Magisterio en Badajoz y Filología Hispánica en Cáceres. Empezó escribiendo libros de relatos como La puerta del palacio, El equilibrista, Novena de San Matías, y de viajes, como Estaciones del Sur, El río del lobo, pero desde que descubrió la literatura para jóvenes no ha abandonado este género. Con él ha conseguido lectores y reconocimientos como los premios 'Leer es vivir' en 2006, 'Villa de Pozuelo' o el de la 'Diputación de Córdoba', con títulos como El alma del bosque, La manzana de Marco Polo, El naufragio, El poeta y la muerte, Viento Azul o, el último, El final del camino.

Ya en Viento Azul, novela que debía su nombre al caballo que aparece en ella y es, más o menos, uno de los vértices de la aventura, el verdadero protagonista, Mario, un atractivo chavalín, se enfrentaba a un desahucio y posterior separación de una familia. En esta novela, sin embargo, se dejaba abierta una puerta a la esperanza, pero no se engaña con un final a lo Disney.

Algo similar ocurre en El final del camino. Por culpa de la actual pandemia no pudimos disfrutar de su anunciada presencia con nosotros aquel olvidable curso de 2019-2020, lo que causó gran decepción a los alumnos y alumnas que habían leído el libro, los cuales, en su mayoría, confesaron que les daba pena no haber podido establecer contacto directo con un autor cuya novela les había gustado mucho. 

Nuestra novela participa desde el comienzo de un doble ámbito de actuación que se alterna sin solución de continuidad, pero que es muy fácil de deducir. La protagonista y narradora, Elena, va alternando en su relato un presente agobiante y un pasado feliz que pronto atrapan la atención del lector. En el devenir de la trama vamos conociendo que la chica tiene doce años y vive forzosamente recluida en un caserón aislado, férreamente vigilada por la señora Kessler, una tutora estricta, y acompañada solo por muy pocos empleados (muy mayores) que atienden las necesidades de la vivienda, pero con los que apenas puede mantener trato.

Pronto, esta situación narrativa se concatena con la continua evocación de un pasado feliz en el que ella y su padre recorrieron Europa durante mucho tiempo montados en una caravana y viviendo poco menos que a salto de mata.

El gran acierto del autor es ir dosificando la acción e ir creando muy sutilmente en el lector la sensación de un misterio que solo al final se desvelará; cuando Elena se acuerda de esas divertidas peripecias, plenas de libertad, deja caer, por ejemplo, la necesidad de evitar las carreteras principales, la perentoriedad de cambiar de caravana cada determinados momentos, así como la obligatoriedad de no dejar rastros allá por donde pasan.

Para sobrevivir, el padre, artista y músico, se dedica a dar conciertos callejeros y a trabajar donde le cojan, pero cambia siempre el nombre artístico que usa. Al final las dos historias confluyen; acabamos sabiendo que los protagonistas, en realidad, van huyendo y que la aventura termina malamente en las tristes circunstancias en las que Elena se ve obligada a vivir. Pero, tranquilos, que la novela no ha concluido todavía.

 

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