La Gaceta (Artículos): Educación social en las aulas en tiempos de pandemia


Educación social en las aulas en tiempos de pandemia

En diciembre de 2019, algo que catalogamos como riesgo, se transformó en una amenaza para la población humana. Una amenaza que tenía algo diferente si se compara con otras amenazas de tipo epidemiológico que los seres humanos hemos sufrido a lo largo de nuestra historia como especie. La globalización esta vez ha jugado en nuestra contra

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21/10/2020 | Sonia Hidalgo Moreno, Educadora Social del IES Hostelería y Turismo, Orellana

Desde la educación social tenemos un gran reto para proteger a nuestros alumnos, tanto de que contraigan la enfermedad a través de comportamientos sociales seguros, como de que sufran desigualdad de oportunidades en cuanto al acceso a la educación de calidad

Históricamente hemos sufrido epidemias que han diezmado la población como la peste bubónica en 1347 y 1353, el cólera de 1816 o mucho tiempo atrás la plaga de Justiniano entre el 541 y 543. La diferencia con la Covid-19 que sufrimos ahora es su poder de propagación y no me refiero a la capacidad de transmisión del propio virus, sino que, como pandemia, tiene una inestimable ayuda en un mundo globalizado donde podemos ponernos en la otra punta del planeta en horas.

Sonia Hidalgo Moreno. (Cedida)

La peste tenía difícil alcanzar el continente americano del que no teníamos, el común de los mortales, constancia de su existencia, por lo que se localizó en Europa acabando con un tercio de la población; la Covid 19 ha necesitado apenas tres meses para abarcar el planeta entero.

El cambio tan profundo que se ha producido en la población humana a nivel comportamental no es tan grave por las medidas en sí como por la velocidad del cambio. Sin duda, un cambio es más traumático cuanto más rápido se produce, puesto que no nos permite una asimilación de las nuevas circunstancias de forma adecuada y tampoco permite que nos adaptemos a los cambios en toda su magnitud por lo que debemos dejar en ‘cuarentena’, y nunca mejor dicho, la frase de que el coronavirus no distingue entre personas. Sí que lo hace, puesto que no todos partimos de las mismas circunstancias para enfrentarlo. Si no puedes mantener una distancia social adecuada, ya que vives en circunstancias de hacinamiento  en tu vivienda o tu transporte, las posibilidades de que contraigas la enfermedad se elevan exponencialmente.

Sí, la pandemia distingue entre sociedades más o menos desarrolladas. Desde la educación social tenemos un gran reto para proteger a nuestros alumnos, tanto de que contraigan la enfermedad a través de comportamientos sociales seguros, como de que sufran desigualdad de oportunidades en cuanto al acceso a la educación de calidad. También es nuestro reto el prepararlos para hacer frente a la manipulación que, desde las redes sociales, grupos extremos, que buscan la polarización de la sociedad, están ejerciendo ante la fértil situación de incertidumbre.

En el primer caso, cuesta hacer entender a la población la necesidad del sacrificio colectivo cuando de base partimos de una cultura cada vez más individualista. Pensar en colectivo cada vez cuesta más cuando lo que te rodea está fomentando diariamente la individualización, la competitividad y la desigualdad social.

No es igual pedirle a alguien que no salga a trabajar, que mantenga la distancia social o que use adecuadamente las mascarillas cuando no puede teletrabajar, en su casa o centro educativo no hay espacio y no se puede permitir mascarillas adecuadas.

Con respecto a lo segundo, la capacidad de nuestro sistema educativo para ponerse en marcha de forma digital, utilizando sistemas en red cuando no todos los alumnos tienen las mismas oportunidades debido a situaciones económicas y sociales desfavorables, hace difícil que no se creen diferencias muy marcadas entre el alumnado en general de la región; si pensamos a nivel estatal, la diferencia se agudiza aún  más.

Y no es solo por la capacidad de respuesta material en cuanto a dispositivos de conexión, es necesario un apoyo educativo para el que la comunidad educativa está débilmente preparada.

Por último, asistimos a una polarización social donde la gente está conmigo o contra mí, donde hay una necesidad imperiosa de buscar culpables a la situación y donde existen poderes en las sombras que redirigen el pensamiento social según intereses alejados del foco principal.

La edad de nuestro alumnado donde la personalidad se está formando, donde el pensamiento crítico no es algo que se fomente de forma habitual, calan mensajes extremos de cualquier índole que lejos de mostrar una realidad equilibrada, construye una realidad ficticia cargada de odio hacia el resto de individuos. Igual que es global la pandemia de coronavirus, es también global la pandemia de desinformación.

Ahora más que nunca, la educación social es necesaria para ayudar a nuestro alumnado a ser críticos con las situaciones que los rodean, que piensen en colectivo y no sean víctimas de un progreso que igual nos encumbra como prescinde de nosotros.

 

 

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