La Gaceta (Opinión): Enseñar y aprender desde la neurociencia


Enseñar y aprender desde la neurociencia

"Hablar de neuroeducación es hablar de cómo actúa nuestro cerebro en las situaciones de enseñanza-aprendizaje. Y dado que todos tenemos capacidad para aprender, hablar de neuroeducación es hablar de ti y de mí, es decir, de todos"

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21/02/2019 | Mª de los Milagros Rubio Pulido, orientadora y maestra de Pedagogía Inclusiva

Las investigaciones en el campo de la neurociencia ponen de manifiesto cuáles son las condiciones óptimas en las que somos más receptivos a aprender algo, y a consolidarlo. Estas condiciones tienen que ver, por supuesto, con elementos de bienestar psicobiológico (adecuada alimentación, descanso, ejercicio físico, regulación emocional...) y con procesos psicológicos básicos (percepción, atención, memoria, motivación...), pero también con las posibilidades que ofrecemos desde el contexto educativo

Milagros Rubio Pulido (Cedida).

Hablar de neuroeducación es hablar de cómo actúa nuestro cerebro en las situaciones de enseñanza-aprendizaje. Y dado que todos tenemos capacidad para aprender, hablar de neuroeducación es hablar de ti y de mí, es decir, de todos. 

Las investigaciones en el campo de la neurociencia ponen de manifiesto cuáles son las condiciones óptimas en las que somos más receptivos a aprender algo, y a consolidarlo. Estas condiciones tienen que ver, por supuesto, con elementos de bienestar psicobiológico (adecuada alimentación, descanso, ejercicio físico, regulación emocional...) y con procesos psicológicos básicos (percepción, atención, memoria, motivación...), pero también con las posibilidades que ofrecemos desde el contexto educativo. 

En un contexto de educación formal, en la escuela, ¿qué posibilidades deberíamos ofrecer para favorecer el aprendizaje? Lo resumo en cinco preceptos.

Posibilitar múltiples formas de reconocimiento de la información, de acción y expresión para que los alumnos muestren lo que saben, y de implicación en el proceso didáctico. Es lo que se conoce como Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA).

Primar el papel activo del estudiante, el 'aprender haciendo', mediante metodologías activas, donde el alumnado esté presente, participando y obteniendo logros, donde el docente pone en valía su rol como guía-mediador.

Ser conscientes del poder que tienen las neuronas espejo, aquellas que nos permiten aprender mediante la observación e imitación entre personas. Una máxima: cuanto más afín a nosotros sea el modelo a imitar, más garantía de que haya aprendizaje vicario.

Incardinar el aprendizaje cooperativo en la práctica habitual del aula, asumiendo que nuestro pensamiento es colectivo y se construye en interacción con los demás.

Ofrecer situaciones de práctica repetida para consolidar lo aprendido, para que se automaticen los hábitos, las conductas, las actitudes, los conocimientos, etc. Sabemos que la novedad despierta la atención, pero la repetición monitoriza los procesos. Se trata de conjugar novedad y repetición. 

Estos cinco preceptos favorecen conexiones sinápticas más resistentes, inmediatas y duraderas, lo que implica poderosas relaciones en el entramado neuronal. Esto, partiendo de que el funcionamiento de nuestro cerebro es holístico, convergiendo estructuras y funciones cerebrales de ambos hemisferios: izquierdo y derecho, unidos mediante el cuerpo calloso.  

“Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”, esta frase célebre la heredamos de Santiago Ramón y Cajal. ¿Qué nos quiso transmitir? que nuestro cerebro es plástico, es cambiante, es influenciable, además lo es a lo largo de toda la vida. Esa neuroplasticidad la debemos aprovechar los docentes para esculpir los cerebros de nuestros aprendices, para compensar con experiencias ricas de aprendizaje la herencia genética e influencia sociocultural que el alumnado trae a la escuela. 

Precisamente, por la simbiosis entre genética y ambiente, nuestros cerebros son diversos. No hay dos cerebros iguales. Esto conduce al concepto de neurodiversidad, una forma de tener una identidad propia y singular en cuanto al funcionamiento y estructura cerebral. Desde esta máxima, la escuela debe atender a dicha diversidad, potenciar el talento de cada niño, garantizar la igualdad de oportunidades para hacer florecer esos talentos... Una tarea difícil, sin duda, pero que debemos asumir como un reto. 

La educación inclusiva debe entenderse como un desafío y una oportunidad para enriquecer las diferentes formas de enseñar y aprender.  La mejor manera de afrontarlo es comenzando con una mirada introspectiva a nuestra propia diversidad, a la diversidad que todos habitamos. Todos somos capaces e incapaces en algo, todos tenemos miserias que ocultar y destrezas que destacar. Por suerte, para algunos, sus limitaciones no son evidentes; por desgracia, para otros, sus discapacidades son la única manera que tiene el resto del mundo de mirarles. Los docentes tenemos el poder de cambiar esa mirada, empezando por la nuestra, y continuando por la de nuestros alumnos y alumnas, para construir personas partiendo de sus fortalezas y no de sus debilidades. 

Este mensaje he pretendido lanzar en la Jornada de Neuroeducación e Incluisión Educativa, celebrada en Mérida el pasado 13 de febrero, a través de un taller de neurodiversidad dirigido, principalmente, al profesorado especialista en Audición y Lenguaje, y de Pedagogía Terapéutica. La Jornada ha contado con expertos en neuroeducación del panorama nacional, que nos han dado luz a la aplicación de la neurociencia en el aula. 

José Ramón Alonso, neurobiólogo y catedrático de la Universidad de Salamanca, iniciaba el acto hablándonos de la forma más antigua y poderosa de conectar con el otro, a través de las historias, del lenguaje, de las palabras. Y con su poder de comunicación y capacidad para relacionar las investigaciones clínicas con la práctica educativa, embelesó al auditorio.

Anna Forés, doctora en Ciencias de la Educación y profesora de la Universidad de Barcelona, nos hablaba de la técnica de las 4D del método científico (datos, debatir, descartar y difundir) para partir de dogmas basados en la evidencia.

Jesús Guillén, autor del blog Escuela con cerebro, participaba en una mesa redonda, junto a los compañeros anteriores, para darnos las claves de la inclusión educativa a partir de la neurociencia. La clave más importante es la educación emocional.  

Por la tarde, se simultanearon talleres de corte teórico-práctico orientados a diferentes perfiles docentes, donde hubo un alto grado de participación. Confiamos en que neurociencia y educación empiecen a ir de la mano, siendo conscientes de que no existen soluciones mágicas, pero sí miradas menos o más esperanzadoras para apostar por la inclusión. 

Complementar con el artículo 'La neurociencia como llave del aprendizaje' (emtic, 2018).

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