La Gaceta (Artículos): Érase una vez el Antropoceno. El discreto encanto de educar para la sostenibilidad


Érase una vez el Antropoceno. El discreto encanto de educar para la sostenibilidad

En el Antropoceno, nos encontramos ante una encrucijada. Podemos seguir el camino actual que nos lleva a un irremediable descrecimiento material y al posible colapso que nos dibujaba Ban Ki-Moon, cuando era secretario general de la ONU, o bien podemos tomar un camino de reconstrucción, una nueva manera de relacionarnos con la biosfera y con el resto de seres vivos

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30/11/2021 | José Manuel Gutiérrez Bastida

José Manuel Gutiérrez Bastida es maestro, especialista universitario en Educación Ambiental por la UNED, y máster en Educación Ambiental por el Instituto de Investigaciones Ecológicas. Hace escasos días ha participado en unas jornadas sobre educación para el desarrollo sostenible, celebradas en el CPR de Rozas y en este artículo hace una reflexión sobre la educación para la sostenibilidad.

José Manuel Gutiérrez Bastida. (Cedida)

En 2019, Sunita Williams, la mujer que tiene el récord de permanencia en la Estación Espacial Internacional decía: “Miras hacia abajo, al planeta Tierra, y es difícil concebir a dos personas discutiendo, es imposible imaginárselas peleando, porque todo parece una sola cosa, que vivimos en estos maravillosos continentes todos juntos”.

Sin embargo, según nos acercamos a su superficie, aparecen otras imágenes que no muestran todas sus maravillas. Así, descubrimos problemas de contaminación (atmósfera, agua, tierras…), efectos meteorológicos extremos, pérdida de hábitats y de biodiversidad, un crecimiento exponencial de residuos que afectan a la vida del planeta, una desertificación galopante en abundantes zonas del planeta… Además, millones de personas padecen en campos de refugiados, otras consumen compulsivamente, miles de migrantes fallecen en mares y fronteras, las mujeres sufren una violencia de género se ha llevado demasiadas vidas, las vallas separan países y clases sociales entre mundos que parecen irreconciliables, muchas familias se angustian con el desempleo, con la pobreza energética o con la falta de recursos económicos que abocan a depresiones y enfermedades psicológicas de complejas secuelas, los dramáticos conflictos bélicos también generan terribles consecuencias para ecosistemas y sociedades, etc.

A la vista de este collage, podemos decir que no estamos ante un conjunto de problemas sin conexión, independientes, sino que por el contrario, nos enfrentamos a un gran problema sistémico de orden global. Tal es así, que hemos irrumpido en una nueva era histórica: el Antropoceno. El primer período geológico determinado por las evidencias, residuos y consecuencias de la actividad industrial humana que dejan huella en los estratos geológicos (CO2, basuras nucleares, aluminio o cemento, plásticos y microplásticos, productos sintéticos, etc.).

El Antropoceno bautiza una época geológica fruto de una manera de entender nuestra reciprocidad con la biosfera y con el resto de seres vivos y seres humanos. Un pensamiento antropocéntrico que se ha convertido en hegemónico y que contempla el desarrollo de las sociedades humanas como independiente de las limitaciones ecológicas del planeta.

En el Antropoceno nos encontramos ante una encrucijada. Podemos seguir el camino actual que nos lleva a un irremediable descrecimiento material y al posible colapso que nos dibujaba Ban Ki-Moon, cuando era secretario general de la ONU y decía: “Tenemos el pie atorado en el acelerador y vamos directos al abismo”. O bien, podemos tomar un camino de reconstrucción, una nueva manera de relacionarnos con la biosfera y con el resto de seres vivos.

Para ello, frente al pensamiento causal-lineal es necesario un pensamiento más holístico y sistémico, multidisciplinar, capaz de analizar y gestionar la complejidad del mundo. Asimismo, es importante crecer en valores post-materiales, ya que el bienestar psicológico está solo vagamente relacionado con el consumo de recursos. Finalmente  ̶̶̶ y    escribiendo estas líneas en el mismo Black Friday ̶̶̶ , en un planeta finito, como es el nuestro, las preguntas claves son qué es suficiente y qué es bueno y responsable para todas las personas. Para todas.

Este proceso cambio de pensamiento, de paradigma, de manera de entender nuestra relación con el mundo es lo que llamamos transición ecosocial, un proceso esperanzador que trata de revertir las tendencias de la crisis ecológica y social global. Una transición que debe ser justa, no dejar a nadie por el camino, repartir sus frutos equitativamente, eliminar las desigualdades, cortar la pérdida de biodiversidad, descarbonizar la economía y el uso energético, decrecer en el consumo, crecer en justicia social y cuidados, etc.

Para dar coherencia a las necesarias transiciones ética, ecológica, energética, económica, social, etc. el paradigma ecosocial propone colocar la vida en el centro de toda reflexión sobre la actividad humana. Esto significa construir políticas, culturas y comunidades que tengan como prioridad garantizar una vida decente, una vida que merezca la pena vivir para todas las personas. Poner la vida en el centro es garantizar comunidades y espacios donde nadie tiene miedo al futuro, donde nadie sufre pensando qué es lo que va a pasar mañana.

Una transición ecosocial que pone la vida en el centro se fundamenta en el reconocimiento de dos principios radicales, los humanos somos seres interdependientes: requerimos de los cuidados de otros seres humanos y de la comunidad para sobrevivir, especialmente en la infancia, en la enfermedad o en la senectud. Incluso en el día a día necesitamos de personas que ni conocemos para cubrir nuestras necesidades e intereses; y ecodependientes: somos naturaleza, necesitamos de ella y por ello es necesario articular y ajustar nuestra actividad a las leyes de la biosfera y a la sostenibilidad de la trama de la vida.

Transitar de este modelo civilizatorio a otro más justo socialmente y sostenible ecológicamente requiere de personas formadas, por eso es clave una educación que trate de esos temas, que ponga la vida en el centro de la actividad escolar, nuestra ecodependencia e interdependencia. Una educación en clave de sostenibilidad, con perspectiva ecosocial, y apoyada en el desarrollo integral de capacidades del alumnado para ser agente de cambio social; la vida como centro de la actividad escolar:  ecodependencia e interdependencia; la ética ecosocial: trabajando empatía, solidaridad, empoderamiento, equidad, sostenibilidad, etc.; la profundización en dos conceptos fundamentales: suficiencia y responsabilidad; la inclusión en el currículo de los problemas ecosociales y de los elementos invisibilizados, así como el pensamiento complejo, sistémico, holístico, etc.; la construcción comunitaria de ecociudadanía: ciudadanía ecológica consciente, que se desarrolla más allá de los ecogestos y de comportamientos individuales; el empoderamiento ecociudadano: educar en las posibilidades de participación en la sociedad y en las herramientas para ejercer dicha participación con responsabilidad; la generación de indignación, para que el dolor en el corazón y en las tripas se convierta en motor para la acción; el pasar del activismo de múltiples tareas escolares sin sentido a actuar por el cambio, al activismo ecosocial, ofreciendo espacios para que el alumnado pueda cambiar situaciones, experimentar soluciones, demandar mejoras, etc.; y la acción ecosocial transformadora, democrática y resiliente de la realidad.

Y todo esto con formación docente, sin lo cual es imposible.

La propuesta es, como dice Carmelo Marcén: “Cambiar el estilo de enseñar para cambiar el estilo de vida”.

 

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